Puedes tener una estufa de leña de alto rendimiento, con diseño impecable y el mejor sistema de doble combustión. Pero si el tubo no está a la altura, todo eso pierde valor. El tubo es la parte menos visible, pero más decisiva de tu instalación. Es lo que asegura que el humo salga correctamente, que la combustión sea eficiente y que la estufa funcione como fue diseñada.
Porque la mayoría de los problemas no son culpa de la estufa.
Cuando una estufa genera humo, no tira bien o ensucia el cristal constantemente, muchas veces el problema no está en la estufa… sino en el tubo. Tubos mal dimensionados, flexibles, de materiales inadecuados o sin sombrerete son responsables de la mayoría de los fallos postinstalación.

Busca tubos de acero inoxidable con pintura negra resistente a más de 600 °C, que garantice un acabado elegante y duradero que soporta el calor intenso sin deformarse ni perder color.
Además, al ser tubos metálicos rígidos, se evitan todos los problemas asociados a los tubos flexibles: pérdida de tiro, acumulación de hollín, deformaciones o fugas. Son mucho más fáciles de instalar, limpiar y están diseñados para crear un sistema estanco, eficiente y profesional.



